
¿Son eficaces las drogas psicodélicas como terapia?. En este blog ya nos habíamos referido a cómo la Norteamericana FDA (Food and Drugs Administration) desestimaba la utilidad del MDMA (Metilene dioxido metanfetamina) como terapia eficaz para el Trastorno de Estrés Postraumático (Pincha aqui) lo que supuso un varapalo para investigadores que postulaban a favor de su utilidad clínico-terapéutica como la Doctora Lora Davis.
Recientes estudios de investigación ahora han vuelto a estudiar la utilidad de otra droga psicodélica, el LSD (Dietilamida del Ácido Lisérgico) un potente alucinógeno cuyo principio activo la lisergida, se ha venido utilizando en ensayos clínicos para el tratamiento de adicciones como el tabaquismo (Pincha aqui) o en el Trastorno de Estrés postraumático y trastorno de ansiedad generalizada (Pincha aqui) con resultados difícilmente extrapolables a la población en general.
Los efectos conductuales de los psicodélicos de esta droga, se ven fuertemente influenciados por el contexto y el estado mental en que se consumen. En entornos clínicos estructurados, los eventos adversos son poco frecuentes y generalmente mínimos. En contextos no supervisados, dosis más altas pueden producir ansiedad intensa, paranoia, labilidad emocional y una percepción distorsionada de la realidad. Si bien los datos de estos estudios son informativos, los efectos de estas sustancias se han examinado en productos farmacéuticos altamente regulados y en individuos de bajo riesgo, y su uso se ha producido en entornos estrictamente controlados, lo que limita su generalización a entornos comunitarios.
Probablemente hoy Albert Hoffman (1906-2008) tendría emociones controvertidas sobre la aplicación de su descubrimiento el famoso día de la bicicleta de Albert Hoffman el 19 de abril de 1943.
El famoso químico Suizo que trabajaba en los laboratorios Sandoz (Hoy Novartis), había estado experimentando con derivados de un hongo, el del cornezuelo del centeno (Claviceps Purpúrea), que consiguió sintetizar en 1938. Había comenzado estudiando el hongo del cornezuelo como parte de un programa para purificar y sintetizar componentes activos de plantas medicinales para su uso en fármacos. Y, durante cinco años, la dietilamida de ácido lisérgico permanecería en un cajón. El objetivo era sintetizar plantas medicinales para su uso farmacológico en humanos de ahí que como decíamos al principio, hoy Hoffman habría experimentado una mezcla de esperanza y hastío sobre la utilidad terapéutica de esta droga.
Esa droga que había sintetizado en 1938 permaneció en un cajón durante cinco años hasta el famoso día de la bicicleta: Volvió a llamarle la atención el 16 de abril de 1943. El propio Hofmann afirma que tuvo «la sensación de que esta sustancia podría poseer otras propiedades además de las establecidas en las primeras investigaciones». Esta intuición lo condujo a sintetizar de nuevo el LSD-25 para que el departamento farmacológico llevara a cabo más pruebas. Según sus propias palabras, «esto era bastante poco habitual; las sustancias experimentales, como regla, se retiraban definitivamente del programa de investigación una vez se había determinado que carecían de interés farmacológico».
Mientras purificaba y cristalizaba el LSD-25, lo interrumpieron una serie de sensaciones extrañas. Había absorbido una pequeña cantidad a través de la punta de sus dedos, y describiría las consecuencias en el informe que envió en aquel momento al profesor Stoll:
Viernes 19 de abril de 1943: me vi forzado a interrumpir mi trabajo en el laboratorio a media tarde y dirigirme a casa, encontrándome afectado por una notable inquietud, combinada con cierto mareo. En casa me tumbé y me hundí en una condición de intoxicación no desagradable, caracterizada por una imaginación extremadamente estimulada. En un estado parecido al del sueño, con los ojos cerrados (encontraba la luz del día desagradablemente deslumbrante), percibí un flujo ininterrumpido de dibujos fantásticos, formas extraordinarias con intensos despliegues caleidoscópicos. Esta condición se desvaneció dos horas después.
La única explicación que encontró fue que hubiera absorbido a través de la punta de los dedos parte de la solución de LSD mientras se cristalizaba. El LSD-25, dedujo, debía ser una sustancia de potencia extraordinaria si había hecho eso con una cantidad tan pequeña. Resuelto a llegar al fondo del asunto, decidió llevar a cabo un experimento sobre sí mismo.
Así, tras una prueba con una cantidad menor, tres días después consumió 250 microgramos de LSD. Esta vez los efectos serían mucho mayores, y Hofmann necesitaba hacer grandes esfuerzos para poder hablar. Pidió a su asistente en el laboratorio, quien estaba al tanto del experimento, que le acompañase a casa; fueron en bicicleta, dando pie a lo que ya es leyenda, quizá el más famoso de los paseos en bicicleta.
Hofmann empezó a asustarse, viéndolo todo en su campo de visión ondulado y distorsionado, como si se tratara de un espejo curvado, y con la sensación de no estar moviéndose (aunque sería realmente lo contrario, y llegaron rápidamente a casa): era el desdoblamiento temporal inducido. Los efectos eran lo bastante fuertes como para que Hofmann no pudiera sostenerse en pie, y tuvo que dejarse caer en el sofá mientras solicitaba leche y su entorno se transformaba, los muebles girando y en continuo movimiento, adquiriendo formas grotescas que asustaban al doctor.
No sería hasta posteriores experimentos que empezaría a ser consciente de su potencial «visionario» e incluso «curativo», un aspecto que fue desarrollado entre los años 1950 y 1960 por distintos departamentos universitarios de Psicología —especialmente conocido el del doctor Timothy Leary en Berkeley—, hasta que llegó la prohibición del LSD por parte de los gobiernos, como contraofensiva ante los peligros que para la estabilidad social suponía su uso por la contracultura hippie.
Los estudios sobre la utilidad terapéutica del LSD han permanecido en el interés científico más de 50 años después hasta el día de hoy, donde se sigue desestimando su utilidad y seguridad.
MAR
