Síndrome del Caballero Blanco

El Síndrome del Caballero Blanco o Síndrome del Salvador se caracteriza por el establecimiento de relaciones de pareja basadas en la asimetría, en la que uno de ellos ejerce como enfermero del otro integrante de la pareja.

Las personas aquejadas del Síndrome del Salvador o síndrome del Caballero Blanco tienden a buscar relaciones de pareja en las que la otra persona tenga algún problema, enfermedad, adicción o trauma con la creencia de que, dotando a la relación del suficiente amor y dedicación conseguirán revertir esos problemas que padece su pareja.

Las personas aquejadas de este síndrome padecen de codependencia. Utilizan a las personas con problemas porque su autoestima depende de su capacidad para curar o revertir los problemas, enfermedades, adicciones o traumas de su pareja. En definitiva, si no están ayudando a nadie, su autoestima se resiente. Piensan que no tienen valor.

Además de la codependencia, la autoestima de las personas aquejadas del síndrome del Caballero Blanco está seriamente afectada, ya que creen que deben ser amados no por quienes son, sino por lo que hacen por la otra persona, por los desvelos y los cuidados que le profesan a su pareja.

Entre las características que configuran el fracaso de la relación de pareja en las personas aquejadas del Síndrome del Caballero Blanco están la fuerte atracción hacia personas con un pasado de traumas enfermedades y adicciones. Personas que se definen a sí mismas como víctimas. Esto hace que minimicen las señales de alarma sobre el comportamiento de la otra persona que harían inviable la relación, como serían cambios de humor, conductas inapropiadas, ira, malos comportamientos o maltrato,  que minimizan y justifican como causadas por su pasado y traumas y como algo que será pasajero en cuanto el afectado del síndrome se ponga manos a la obra haciendo de enfermero de la pareja.

Lo que ocurre en las relaciones basadas en el Síndrome del Caballero blanco es que la persona afectada invierte la mayor parte de su tiempo y esfuerzo en «salvar» a la otra persona, saltándose todos los límites, y llegando a sacrificar hasta su dinero y su salud persiguiendo ese objetivo.

El Salvador hace que la relación afectiva se convierta en una relación padre-hijo de asimetría donde una persona cuida y la otra es cuidada, nada que ver con una relación afectiva de pareja sana. Pone a la otra persona en un plano de inmadurez constante que puede hacerle sentirse controlado y tratado con cierta pena, mientras la persona aquejada del síndrome desarrolla resentimento, frustración y el estrés subsiguiente, (Pincha aquí) al ver que la otra persona no cambia a pesar de los esfuerzos y el tiempo empleado.

La ruptura de la relación se produce cuando el Caballero Blanco se frustra porque no ve que su objetivo haya tenido resultado o cuando el salvado se va porque logra sanar de verdad.

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