Pensamientos, emociones y neurotransmisores

¿Existe una relación entre pensamientos, emociones y neurotransmisores?. ¿Podemos contemplar imágenes que generen en cada uno de nosotros diferentes emociones o incluso opuestas?. Si el hecho de ver determinadas imágenes puede provocar emociones como alegría tristeza o ira o incluso emociones distintas en diferentes personas que la contemplan, estaremos asumiendo que la imagen o más bien la interpretación de la misma tiene un efecto sobre nuestros neurotransmisores. O dicho de otro modo, que las concentraciones de  neurotransmisores como la dopamina, la serotonia o el GABA van a alterarse dependiendo de cómo interpretemos esa imagen.

Pongamos como ejemplo la imagen de un equipo de fútbol levantado la copa de campeón de la liga. La contemplación de esa fotografía puede provocar en diferentes personas emociones distintas: alegria, indiferencia, ira o tristeza: Alegría si la escena es observada por un hincha del equipo campeón, indiferencia para toda aquella persona a la que no le guste el fútbol e ira o tristeza para el equipo perdedor.

Para que diferentes personas experimenten diferentes emociones ante una misma imagen, han tenido que realizar interpretaciones diferentes de la misma. Es decir que las diferentes interpretaciones de una misma fotografía, han provocado emociones diferentes y por tanto, cambios neuroquímicos particulares.

Si existe una imagen que provocó emociones y por tanto reacciones de neurotransmisores más opuestas en diferentes indivíduos probablemente fué la fotografía tomada por Joe Rosenthal el 23 de febrero de 1945 en el monte Suribachi durante la batalla de Iwo Jima, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. La escena fotografiada,  creó en el pueblo nipón según las noticias de la época, un sentimiento de tristeza y desesperación y la percepción de que el fin de la guerra estaba cerca. La misma imagen generó en la población estadounidense la experiencia de una mezcla de orgullo por la victoria y consternación por las 26.000 bajas sufridas por sus fuerzas.

Las interpretaciones negativistas y desesperanzadoras o amenazantes de nuestro entorno van a provocar cambios neuroquímicos en nuestro cerebro que pueden interferir en el efecto de los psicofármacos (antidepresivos y ansiolíticos)  reduciendo la eficacia  y el efecto de los mismos.

Nuestros pensamientos y nuestras conductas pueden afectar a nuestro estado de ánimo y al efecto de los psicofármacos. Si por ejemplo pensamos «que no servimos para nada y que el futuro es desesperanzador» y comenzamos a tomar antidepresivos, mientras sigamos teniendo esos pensamientos nos seguiremos encontrando tristes y desesperanzados. Si tomamos un ansiolítico para dormir pero en vez de meternos en la cama sacamos a pasear al perro probablemente no nos quedaremos dormidos,  ya que nuestra conducta estartá interfiriendo en la acción del fármaco.

La modificación de creeencias (cognitiva) y la modificación de conductas son elementos centrales de la terapia cognitivo conductual y la falta de abordaje de ambos aspectos puede afectar como demuestran las principales Guías de Práctica Clínica a la evolución y pronóstico de los trastornos psicológicos. (Pincha aqui)

 

 

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