
La Terapia Electroconvulsiva (TEC) conocida popularmente como electroshock es un tratamiento que se comenzó a aplicar en la década de 1930, en los albores de la psiquiatría y del internamiento de los pacientes psiquiátricos en los denominados Manicomios. Aunque en la cultura popular se la suele representar como brutal o anticuada, el procedimiento ha cambiado significativamente desde su introducción en la década de 1930. Su uso ha disminuido progresivamente desde la década de 1980, en parte debido a la mejora de los tratamientos farmacológicos, a la aplicación de directrices clínicas más estrictas y al estigma que aún rodea a esta terapia. Que és hoy en día entonces el electroshock: Héroe o Villano?.
La TEC aparece por tanto en los años 30 cuando no existían otras opciones terapéuticas para la Depresión Mayor resistente, Esquizofrenia, Trastornos bipolares y catatonia.
Aunque hoy en día en tratamiento se aplica pasando una corriente eléctrica cuidadosamente controlada a través del cerebro para inducir una convulsión generalizada breve y se administra bajo anestesia general con oxigenoterapia y un relajante muscular. No siempre fue así.
Si bien algunos estudios apuntan a que puede ser beneficiosa ya que según éstos entre el 60 y el 80% de los pacientes en los que otros tratamientos habían fracasado experimentaron mejorías, el psicólogo John Read, profesor de psicología clínica en la Universidad del Este de Londres, ha argumentado que la evidencia que respalda a esta terapia es más débil de lo que a menudo se presenta. En una encuesta realizada a 747 pacientes sometidos a terapia electroconvulsiva (TEC) y a 201 familiares y amigos. Los participantes reportaron diversos efectos adversos asociados con la TEC, como pérdida de memoria, embotamiento emocional, fatiga y problemas cardíacos.
Los investigadores sugirieron que los hallazgos apuntaban a una gama más amplia de daños potenciales de lo que se había reconocido anteriormente, aunque señalaron que muchos de los efectos reportados estaban estrechamente relacionados con el deterioro de la memoria.
Para críticos como Read, esta terapia refleja lo que consideran un enfoque excesivamente biomédico de la salud mental.
“La terapia electroconvulsiva es un ejemplo extremo de la medicalización excesiva de la salud mental”, afirmó.
Testomonios como el de Lisa Morrison parecen apuntalar la teoría de Read, quien ingresó al sistema de salud mental a los 14 años tras recibir medicación para depresión mayor .
Entre 2009 y 2017, pasó varios meses al año en una unidad de hospitalización tras sufrir episodios de autolesiones graves e intentos de suicidio . Durante ese tiempo, recibió (TEC) en varias ocasiones, generalmente administrada en una serie de tratamientos a lo largo de varias semanas. Pero las mejoras que ella esperaba nunca llegaron.
Una de las consecuencias más angustiantes para Morrison fue la pérdida de memoria. Hay grandes fragmentos de su vida que no puede recordar. Los efectos más citados de la TEC incluyen pérdida de memoria, deterioro cognitivo, embotamiento emocional fatiga y problemas cardíacos.
Para algunos críticos, el futuro de la terapia electroconvulsiva dependerá de cómo evolucione la atención a la salud mental.
Algunos críticos creen que el tratamiento podría disminuir gradualmente a medida que se adopten más ampliamente enfoques como la atención informada sobre el trauma y la prescripción social.
ABR
