Origen de los Síntomas de ansiedad

Los síntomas de ansiedad aparecen cuando la persona se expone o va a exponerse a situaciones que interpreta como embarazosas o amenazantes desde el punto de vista cognitivo. La interpretación de una situación como ansiógena daría lugar al origen de los síntomas de ansiedad.

La ansiedad forma parte de nuestro sistema de adaptación al entorno, sin ella no podríamos sobrevivir dado que seríamos incapaces de reaccionar correctamente ante cualquier situación amenazante. En términos gráficos, la ansiedad cumpliría el papel de los pilotos del salpicadero de nuestro coche, por poner un símil automovilístico, donde cualquier cambio de las sustancias necesarias para el buen funcionamiento serían detectadas (presión del aceite, temperatura, agua..). En nuestro caso, una subida del sodio o una bajada del agua de nuestro organismo produciría ansiedad por beber, apareciendo un incremento de nuestra tasa cardiaca y respiratoria, un aumento de la tensión muscular y una atención focalizada en la posibilidad de beber, igualmente una bajada de sustancias nutrientes produciría ansiedad por comer predisponiendo a nuestro organismo como en el caso de la sed a la búsqueda de alivio para esta situación, con la atención focalizada en la consecución de alimento. Este mismo procedimiento aparecería en el caso de detectar una amenaza externa (p.ej. un peligro externo).

Este sistema de alerta puede activarse accidentalmente, sin que haya en el ambiente nada que lo justifique y puede provocar en el sujeto que lo padece un temor intenso ante las consecuencias que podía haber tenido el ataque (“estuvo a punto de darme un infarto”, “no me volví loco de milagro”, “me pude desmayar y no podría haber soportado la vergüenza) y/o un miedo intenso ante la posibilidad de que se pueda volver a producir.

La característica fundamental en los trastornos de ansiedad es la aparición de una serie de síntomas desagradables que dificultan la adaptación del sujeto a una serie de situaciones cotidianas. Estos síntomas pueden aparecer de forma súbita e inesperada y/o cuando se anticipa la presencia de alguna situación concreta. Entre los síntomas experimentados se incluyen las palpitaciones o elevación de la frecuencia cardiaca (taquicardias), sudoración (no debida a la exposición a altas temperaturas o a la actividad física), temblores o sacudidas, sensación de ahogo o disnea, sensación de atragantamiento o nudo en la garganta, opresión o malestar torácico, náuseas o molestias abdominales, inestabilidad mareo o desmayo, sensación de extrañeza con uno mismo o sensación de irrealidad (despersonalización y desrealización), miedo a perder el control o a volverse loco, miedo a morir o a que suceda algo terrible, sensación de entumecimiento en extremidades (parestesias) y escalofríos o sofocaciones. (Pincha aquí)

El origen de los síntomas de ansiedad comienza con un aumento de la respuesta respiratoria al prever que vamos a exponernos a una situación considerada como temible. El aumento de la tasa respiratoria es un sistema adaptativo que aumenta la oxigenación tisular necesaria para la huida , afrontamiento o búsqueda de homeostasis interna como ocurre en el caso de aliviar desequilibrios internos (bajada de glucosa= hambre = búsqueda de alimento, o ante una subida de sodio= Sed = búsqueda de agua). Sin embargo, en el caso de pacientes con trastornos de ansiedad, el origen de la hiperventilación  y por tanto del incremento en la oxigenación tisular, se produce por un sesgo cognitivo, donde situaciones inocuas son interpretadas como desagradables peligrosas o embarazosas. Por ello la oxigenación tisular no va seguida de las respuestas de huida afrontamiento o búsqueda de la homeostasis, por lo que  este aumento de la tasa respiratoria produce un incremento de O2 y un descenso de las concentraciones de CO2 que dan lugar a un incremento del Ph sanguíneo(Ph>7.5) y una alcalosis que a su vez produce una isquemia o estrechamiento de los vasos, que dan lugar a los síntomas de ansiedad (Taquicardias, parestesias, sequedad de boca sensación de atragantamiento sensación de ahogo, mareos despersonalización, desrealización, etc..).

Los síntomas remiten cuando los centros de reflejo respiratorio del cerebro se inhiben y se produce un reequilibrio de la concentración de gases, o cuando mediante técnicas de relajación se reequilibran estos gases. También se han utilizado otras estrategias como inspirar y espirar en una bolsa de papel (lo que produce un incremento progresivo del CO2 en sangre), y por tanto la bajada del PH y la desaparición de la alcalosis sanguínea.

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